«Pronunciaré siempre el dulce nombre de María Santísima todos los días de mi vida y siempre que lo pronuncie irá acompañado con el sagrado nombre de Jesús. El Hijo me recordará a la Madre y la Madre me traerá a la memoria al Hijo. Jesús, María, esto es lo que mi boca repetirá mil veces a la hora de la muerte. Jesús, María; esto es lo que no dejará de repetir interiormente mi corazón cuando no puedan los labios pronunciarlo».
María Santísima de Los Remedios, ruega por nosotros.